En este momento est√°s viendo El Karate como estilo de vida
El karate como estilo de vida - Arawaza Chile

El Karate como estilo de vida

El origen del Karate

El origen del karate permanece impenetrablemente escondido detrás de las brumas de la leyenda, pero esto es lo que sabemos: se ha arraigado y practicado ampliamente en todo el este de Asia, entre pueblos que se adhieren a credos tan variados como el budismo, el mahometismo, el hinduismo, el brahmanismo y el taoísmo. Durante el curso de la historia humana, artes particulares de defensa personal han ganado sus propios seguidores en varias regiones del este de Asia, pero hay una similitud básica subyacente. Por esta razón, el karate está relacionado, de una forma u otra, con las otras artes orientales de defensa personal, aunque (creo que es seguro decirlo) el karate es ahora el más practicado de todos.

La interrelación se vuelve evidente de inmediato cuando comparamos el ímpetu detrás de la filosofía moderna con el de la filosofía tradicional. El primero tiene sus raíces en las matemáticas, el segundo en el movimiento físico y la técnica. Los conceptos e ideas orientales, los lenguajes y las formas de pensar han sido moldeados hasta cierto punto por su íntima conexión con las habilidades físicas. Aun cuando las palabras, así como las ideas, han sufrido cambios inevitables en su significado a lo largo de la historia humana, encontramos que su raíz permanece sólidamente arraigada en las técnicas físicas.

Hay un dicho budista que, como tantos dichos budistas, es ostensiblemente contradictorio, pero para el karateka le da un significado especial a su pr√°ctica t√©cnica. Traducido, el dicho es: “El movimiento es el no-movimiento, el no-movimiento es el movimiento”. Esta es una tesis que, incluso en el Jap√≥n contempor√°neo, es aceptada por los pedagogos, y debido a su familiaridad el dicho puede incluso abreviarse y usarse como adjetivo en nuestro idioma.

Un japon√©s que busca activamente la iluminaci√≥n personal dir√° que est√° ‚Äúentrenando su est√≥mago‚ÄĚ (hara wo neru). Aunque la expresi√≥n tiene amplias implicaciones, su origen radica en la evidente necesidad de endurecer los m√ļsculos del est√≥mago, requisito previo para la pr√°ctica del k√°rate, que es, al fin y al cabo, una t√©cnica de combate. Al llevar los m√ļsculos del est√≥mago a un estado de perfecci√≥n, un karateka puede controlar no solo los movimientos de sus manos y pies, sino tambi√©n su respiraci√≥n.

El karate debe ser casi tan antiguo como el hombre, que muy pronto se vio obligado a luchar, sin armas, contra las fuerzas hostiles de la naturaleza, las bestias salvajes y los enemigos entre sus semejantes. Pronto aprendi√≥, criatura enclenque que es, que en su relaci√≥n con las fuerzas naturales la acomodaci√≥n era m√°s sensata que la lucha. Sin embargo, donde estaba m√°s igualado, en las inevitables hostilidades con sus semejantes, se vio obligado a desarrollar t√©cnicas que le permitieran defenderse y, con suerte, conquistar a su enemigo. Para ello, aprendi√≥ que ten√≠a que tener un cuerpo fuerte y saludable. Por lo tanto, las t√©cnicas que comenz√≥ a desarrollar, las t√©cnicas que finalmente se incorporaron al Karate-d√Ķ, son un arte de lucha feroz pero tambi√©n son elementos del important√≠simo arte de la autodefensa.

En Jap√≥n, el t√©rmino sumo aparece en la antolog√≠a de poes√≠a m√°s antigua de la naci√≥n, el Man’y√Ķsh√ľ. El sumo de esa √©poca (siglo VIII) inclu√≠a no solo las t√©cnicas que se encuentran en el sumo actual, sino tambi√©n las del judo y el karate, y este √ļltimo experiment√≥ un mayor desarrollo bajo el √≠mpetu del budismo, ya que los sacerdotes usaban el karate como un medio para avanzar hacia autoiluminaci√≥n. En los siglos VII y VIII, los budistas japoneses viajaron a las cortes de Sui y T’ang, donde conocieron la versi√≥n china del arte y trajeron a Jap√≥n algunos de sus refinamientos. Durante muchos a√Īos, aqu√≠ en Jap√≥n, el karate permaneci√≥ enclaustrado tras los gruesos muros de los templos, en particular los del budismo zen; Aparentemente, no fue practicado por otras personas hasta que los samur√°is comenzaron a entrenar dentro de los recintos del templo y as√≠ se enteraron de la existencia del arte. El Karate tal como lo conocemos hoy en d√≠a ha sido perfeccionado en el √ļltimo medio siglo por Gichin Funakoshi.

Hay innumerables anécdotas geniales sobre este hombre extraordinario, algunos tal vez ya se hayan adentrado en el reino de la leyenda, y algunos Funakoshi no se molestaron en contarlos porque eran una parte tan íntima de su forma de vida que apenas los conocía. Nunca se desvió de su estilo de vida, el camino del samurái. Tal vez para los jóvenes japoneses del mundo de la posguerra, casi tanto como para el lector extranjero, Funakoshi resulte un poco excéntrico, pero simplemente seguía el código moral y ético de sus antepasados, un código que existía mucho antes de que existiera. algo así como la historia escrita en Okinawa.

Observ√≥ los tab√ļes ancestrales. Por ejemplo, para un hombre de su clase la cocina era territorio prohibido, y Funakoshi nunca lo traspas√≥. Tampoco se molest√≥ nunca en pronunciar los nombres de art√≠culos tan mundanos como calcetines o papel higi√©nico, pues ‚ÄĒuna vez m√°s en el c√≥digo que ella segu√≠a rigurosamente‚ÄĒ estos se asociaban con lo que se consideraba impropio o indecente.

Funakoshi describe algunos de sus h√°bitos diarios. Por ejemplo, lo primero que hac√≠a al levantarse por la ma√Īana era cepillarse y peinarse, proceso que en ocasiones ocupaba una hora entera. Sol√≠a ‚Äč‚Äčdecir que un samur√°i siempre debe tener una apariencia pulcra. Despu√©s de haberse puesto presentable, se volv√≠a hacia el Palacio Imperial y se inclinaba profundamente; luego girar√≠a en direcci√≥n a Okinawa y realizar√≠a una reverencia similar. Solo despu√©s de completar estos ritos, tomar√≠a un sorbo de su t√© de la ma√Īana.

El maestro Funakoshi fue un espléndido ejemplo de un hombre de su rango nacido a principios del período Meiji, y hoy en día quedan pocos hombres en Japón de los que se pueda decir que observan un código similar.

Deja una respuesta